martes, 15 de abril de 2014

INVITACIÓN KERIGMA MUSICAL


lunes, 17 de marzo de 2014

4. EL EJERCICIO DEL SERVICIO



1.     EL EJERCICIO DEL SERVICIO




Isaías 6, 8 8 Entonces oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién voy a enviar?,¿Quién será nuestro mensajero? “Yo respondí: «Aquí estoy yo, envíame a mí.»




Luego de realizada nuestra elección empieza la hermosa pero ardua labor de ejercer nuestro ministerio, en esta etapa del llamado es cuando Dios nos empieza a exigir cada vez un poco más de nosotros, el proceso de nuestra conversión se hace más fuerte, nuestro compromiso es mucho más maduro y nuestras metas con nuestro ministerio empiezan a surgir y crear proyectos a futuro en torno a dicho servicio.
En el ejercicio ministerial empezamos a reconocer nuestro lugar en un equipo de trabajo y nuestros aportes hacen que surjan nuevas iniciativas, esta etapa es talves la más fuerte de todo este camino del llamado personal porque es en la cual más retos y dificultades encontraremos, la convivencia, el amor a los hermanos, la tolerancia, el respeto y el liderazgo serán algunas de las cosas que tendremos que afrontar.
Dice la palabra de Dios: “Aquí estoy yo, envíame a mí.” esta es la respuesta de un servidor maduro como el profeta Isaías, dispuesto a servir al Señor en todo lo que le pida, así es el ejercicio del ministerio, ya en esta etapa no existen los condicionamientos como por ejemplo “no voy porque es lejos”, “ no puedo ir porque debo salir de compras”, “eso está muy difícil para mí” etc.. quien dice Aquí estoy yo, envíame a mí.” Estará dispuesto al ejercicio de su ministerio a pesar de si mismo, de sus complejos, sus impaciencias y carencias, será un servidor convencido de que la misión que Dios le encomendó es la que está realizando.
Esta es la etapa de mayor renuncia pero sin duda la que nos dará más satisfacción, es el momento del climax de nuestro llamado, lo que nos dará una identidad propia en nuestra Iglesia, ya no seremos solo fieles pasivos sino seremos parte del gran cambio, haremos parte de la solución y no del problema, así es el ejercicio del ministerio al que hemos sido llamados.